“Belleza oculta”

Intentando responderme qué puede aprenderse de las experiencias dolorosas y crueles que a veces da la vida, este fin de semana me ayudé del cine. Una película que no llegué a ver en su estreno, porque por una vez, me fié de la crítica que la tachó enseguida de guión poco realista y algo tendenciosa. Creer en lo increíble. Además pecaba de ser excesivamente sensiblera.

La terapia que yo misma me hice era partiendo de una premisa: ¿Se puede sacar algo bueno del dolor?. ¿De la pérdida de un hijo?. Algo además de que si lo piensas, es porque lo puedes contar, con lo cual estás vivo y por eso ya debes ser agradecido. 

El reparto de lujo parecía ser lo único salvable. Así decidí que el sábado era el día de hundirse en el sofá acompañada de: Helen Mirren, Keira Knightley, Edward Norton, Will Smith y confundirme con el sentimentalismo y la esperanza que nace de la desgracia en Belleza oculta (2016).

¿Y si ante ante una situación dramática y que te desborda de dolor alguien va y te dice: “Busca la belleza colateral?” Y te asegura que está oculta. 

Pues ahora creo que sí. Que es cierto. Creo que de alguna manera como dicen al cabo de un tiempo sientes que lloras. Y te sorprende que no lloras por aquello que te pasó. Que las lágrimas de ahora, son fruto de una especie de profunda conexión con todo. Que lo más nimio e imperceptible te embarga. Que las inquietudes se te desatan y que empiezas a poder apreciar lo que antes no veías.

Entonces, lo ves. Es la belleza colateral que estaba tras el dolor y la desesperación. Lo que pasa es que cuando lo captas, me queda la duda de que no siempre llegas a tiempo de que haya hecho de noche en la playa de tu corazón.

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Anocheciendo en el Mar Menor de La Manga. (Foto de Winnie)