Una sonrisa silenciosa

Estas horas últimas pasadas me he reencontrado con tu sonrisa. Tu sonrisa silenciosa como la de la Mona Lisa. Más de una vez yo provocaba carcajadas de mi madre hablándole de tu sonrisa silenciosa. ¿Recuerdas? Claro que lo recuerdas, ya me encargaba yo de describirtelo cuando te veía en mis visitas en la que cuidabas como buena doctora de mi alma.

Y me he reencontrado con tu sonrisa y con las carcajadas de mamá como si las gaviotas que me sobrevolaban fueran altavoces. Ha sido al recordar algo que pasó unos días atrás, algo que te hubiera relatado en una de mis charlas contigo.

El 21 de abril pasado, que se cumplían nueve (9 = mi número mágico :)) años desde que mamá se pusiera “malita” estando yo con ella, va y me llama “mi imprescindible” y me dice que el día anterior había sufrido un ictus su marido. Yo alucinaba. Le pasó estando con ella gracias a Dios (y las consecuencias finalmente mínimas por su rápida reacción…ahí lo dejo). Pues yo, con ese humor negro tan mío que tú ya aprendiste a pillarme he recordado cuando pasó lo de mamá. ¡Madre mía!.

¿Te acuerdas? Estaba yo recién llegada de una viaje de una semana larga por Rumanía con mi amigo. Sí. Ese que compartió conmigo viajes, casa, charlas, trabajo….AMISTAD durante ocho años y que tú y yo hicimos desaparecer en la chistera para que pudiera vivir “su vida loca” recién descubierta sin que a mi me arrastrara a su locura… Bueno, estaba recién llegada a la casa de mamá para contarle cosas del viaje y distraerla porque estaba acatarrada en la cama y sobre todo con las “jugarretas del carácter peculiar” que gastaba mi amigo y sus cambios de humor, en los últimos viajes cada vez más difíciles de llevar…

Y me encontré diciéndole con aspavientos graciosos a mamá cómo tenía que pedir cita contigo y pagar la consulta 😦 para contarte durante una hora, los feos que me hacía el colega con sus cambios de humor repentinos, sin venir a cuento y que me iba a volver loca con tanta tontería y que para no volverme loca 🙂 tenía que ir a ti para contártelo… 🙂

Y yo te imitaba sentada en tu mesa de la consulta, sonriendo silenciosamente y asintiendo mientras yo no paraba de hablar y de contestarme a mi misma las respuestas (que me decías eran acertadas) a las preguntas que me hacía en alto. Eran como un monólogo de la tele muchas de nuestras sesiones y de pronto…: Zasca… dejabas de sonreír y asentir y me decías una frase y coño (así se lo relataba yo a mamá)…..”era la frase”. Y yo miraba el reloj y yo solita te decía…”hala me voy”… GRACIAS

Mamá me miraba entre la risa y el llanto de la carcajada y me decía, pero ¿no dice más? y yo le contestaba…. ¿qué va a decir? si ya lo había yo dicho todo y ella la puntilla. Toca irse y pagar…

Mamá reía a carcajadas y me dijo: no sé si es por el loco ese con el que viajas que hace cosas curiosas o Irene que no hace nada. Y yo la miraba mientras las dos reíamos y le contestaba “me han tocado así” ¿qué le vamos a hacer? …..

Y en ese instante… se quedó sonriéndome. Y ya no volví a oirla hablar nunca más (ni a reír).

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