Relato: Diferencia de equipaje (2 de 3)

Diferencia de equipaje (1)

 Su tono sonó realmente seco. No me encajaba la chica bromista que parecía ser al contarme su encuentro con el tal Angel y esa sequedad. Me había equivocado totalmente al pensar en una posible historia de amor entre ella y quien le regaló mi libro. Tenía a mi lado una persona de la que lo único que sabía era que había estado en el mismo pueblo que yo, o así era de suponer, que conocía mi corta obra y que su carácter debía estar marcado por algún hecho relativamente reciente. Ni más ni menos. ¡Maldita imaginación que me había hecho creer que sabía lo que desconocía!

– Perdona Macu. Creo que tú y yo, como en tu historia con Angel, hemos empezado mal. Pero no puedes culpar la curiosidad que siento. Me ha sorprendido que me conocieras y tu historia ha empezado con un nombre propio

– Y de chico ¿no?

– Sí, para qué negártelo. Así que…

– Así que has dejado volar tu imaginación y…fallaste.

– No volveré a adelantarme. ¿Me dejas invitarte a tomar un café en el bar? Prometo no aventurar más pensamientos.

– No sé. Quizá no haya nada más que contar. Tan sólo era la coincidencia de verte aquí. A veces el destino nos juega duro. No te lo he dicho pero al verte en la estación me pareció reconocerte. Luego pensé que sería demasiada coincidencia. Pero no. Supongo que es así como debían ser las cosas.  Él – me dijo haciendo una pausa-  Angel ya no está.

– ¿Qué es eso de que ya no está?

– Quizá debería haber empezado por ahí. En este año nunca he podido unir su nombre a alguna palabra o frase distinta que la que te estoy diciendo. “El ya no está”. ¿Realmente no te suena a nada?

– ¿Debería?

– Una pista: “Luna”

 ¡seré estúpida! ¿cómo no había caído?. “El ya no está” la última frase de mi libro y si Macu le daba el mismo significado que en él…Angel había muerto. Se me cayó el alma a los pies. Podía habérmelo imaginado desde el principio, pero lo único que me pareció es que aludía con cierta tristeza a un amigo del pasado. Pero tan joven, la palabra muerte era demasiado.

–         Tranquila, ya veo que lo has recordado. No pasa nada, ahora ya todo está bien.

“De pronto su cara cambió. Apareció en ella una ternura que hasta ese momento, una hora de viaje, no había visto. Parecía que estaba en un extraño estado de paz. .

– Disculpa, creía que siempre  tenía una respuesta para todo… pero me has dejado muda.

– Acepto esa taza de café ¿vamos? vamos al bar. Tengo ganas de charlar y hace mucho que no lo hago. Me vendrá bien si tú aguantas…

Atravesamos tres vagones hasta llegar al vagón-cafetería.  Como era la hora de la película pudimos sentarnos tranquilamente en dos sillas pegadas a la ventanilla.

– ¿Conoces los Pirineos? Bueno ya sé que sí porque estabas en el pueblo, pero quiero decir si alguna vez has hecho excursiones y te has metido en sus valles.

– No – le contesté perpleja sin saber por dónde iba a salir

– Existe en los Pirineos un lugar precioso llamado “La Cola de Caballo”. Es una cascada de agua en medio de vegetación de hecho el nombre le viene porque se asemeja a la larga cola de un caballo. Para llegar allí se puede ir dejando los coches y dando un buen paseo de unas tres horas. Pero a mí me convencieron Nacho y Angel para hacer una excursión a los Pirineos de 10 días y llegar a la Cola de Caballo atravesando montañas.

– Nacho era uno de los del viaje ¿no?

– Sí. Nacho también lo está pasando muy mal- dijo pensando en voz alta- era el mejor amigo de Angel. Creo que no he conocido una amistad como la que había entre ellos. Fueron juntos al Instituto desde pequeños y luego terminaron los dos en Historia. Pero déjame que te cuente…

– Nuestra ruta consistía en subir el Puerto de Bujaruelo, hacer parada en el refugio de Sarradechs y desde allí se alcanza La Brecha de Rolando. Aquello hay que verlo. Es la cordillera con un corte en medio. Desde el refugio ves en la pendiente de nieve ascendiendo como una hilera de hormigas a los montañeros, todos en fila, marcando las huellas uno tras otro. Hasta allí, creo que estaba tan entusiasmada por todo lo que iba descubriendo y el ansia de llegar a la cima de la brecha que no les dejé casi ni tomar el refresco en el refugio. Cargamos las mochilas y nos pusimos en camino. La nieve cuando son pendientes a subir me da menos miedo que las bajadas. De todas formas cerrándome por detrás por si me escurría iba Angel y abriendo el camino Nacho.

Ya estábamos arriba. La vista era impresionante a un lado la bajada  y el refugio y al otro… nieve, mucha nieve. Demasiada para los casi 30 kilos de mi mochila. Vi que en el descenso todo el mundo iba por un caminillo trazado en medio de una pendiente de nieve. A la izquierda te quedaba la nieve para apoyarte y a la derecha la pendiente. Todo era ponerse. Era ya tarde, en tres horas anochecería y nos quedaba un buen trecho hasta llegar al refugio de Goriz. Angel empezó a descender para coger el camino, yo le seguía pisando en las mismas huellas que él me iba marcando y detrás iba Nacho. Al llegar al camino me empezaron a temblar las rodillas, no podía evitar ver de reojo la pendiente de mi derecha que en unos 200 metros terminaba en un canchal de piedras. Angel notó mi inseguridad, así que me extendió su mano a la que me agarre intentando no apretarle demasiado, no era cuestión resbalar y arrastrarle conmigo.

Todo iba bien. Hincaba mi enguantada mano izquierda en la nieve echando el peso hacia ese lado y la derecha agarrada a él, de pronto algo me distrajo, no recuerdo el qué y solté su mano. Perdí el equilibrio y me deslice unos 3 metros. Clavé los talones y me quedé parada. Creo que les dije algo así como que ya estaba, pero mientras se lo decía perdí la fijación y de ese momento ya sólo recuerdo deslizarme 10 metros más y una voz que me gritó “clava talones”. Era Angel. Lo vi todo pasar por mis ojos en esos segundos. El primer deslizamiento no fue nada, pero en el segundo me vi abajo, en el fondo…Y ahí me quedé sentada en la cuesta con la mochila en la espalda y haciendo fuerza por clavar los talones para no ir más abajo. No sabía qué hacer. Lo increíble es que en ese momento lo único que piensas es que había que salir. Oía las voces en el caminillo. La gente que iba detrás nuestra (el camino sólo daba para ir en fila de uno) sabían tan bien como Angel lo que había que hacer. Se quitó la mochila y cuando me di cuenta le tenía a mi lado, colocándose en mi línea de descenso. Estaba clavado en la nieve con los pies y las manos.

-Tienes que quitarte la mochila Macu, yo la subiré.

– Pero si no puedo ni moverme, me tiembla todo, le dije casi echándome a llorar.

– ¡Escucha! me gritó. Ahora no. Ahora hay que salir de aquí. Desabróchate la correa venga.

Le obedecí porque creo que no tenía tiempo de pensar en otra cosa. Cuando había soltado la correa de mi cintura saqué los brazos de las asas, notaba el peso de la mochila sobre mi espalda. Angel subió y poniéndose a mi lado, clavando puntas en nieve de una forma contundente cogió mi mochila de un asa y empezó a subir.

– ¿Voy subiendo? le dije

– ¡Quieta donde estás! Espera a que baje.

Me quedé ahí esperando. De pronto sólo tenía ganas de quedarme allí sentada. La que se debía estar armando en el camino. De pronto volví a ver a Angel a mi altura a “cuatro patas”.

– Vamos gírate poco a poco y clava puntas. Hasta que no sientas un pie fijo no muevas el otro. Hinca bien las manos.

Seguí sus instrucciones y empezamos a subir, él se quedó rezagado y se situó detrás para frenarme por si resbalaba. Ya en el camino estaba Nacho con mi mochila preparada para colgármela, eso no acababa ahí todavía quedaba camino para llegar a un rellano. Angel se puso delante de nuevo y cargó su mochila. Otra vez su mano se alargó hacia mí. Avanzamos ya más despacio. Yo sentía que en cualquier momento iba a volver a resbalar, pero él me lo había dicho claro “había que salir de allí”. Cuando llegamos al primer rellano nos metimos en él y dejamos pasar a los que nos seguían. Caí de rodillas y me eché a llorar. Creo que esa fue la última vez que Angel me vio llorar. Ni siquiera lo hice…bueno, esa fue la última vez.

– Y has vuelto aquí, le dije,  ¿por qué?

-Suena a frase hecha, pero tenía que pensar. Hace 15 días cogí el bolso metí lo imprescindible de ropa, algo de dinero y salí de casa para venir aquí.

– No me digas que no has dicho nada de dónde estabas

– No. Esto no ha sido tipo fuga Carmen. Los míos, mis padres, mis hermanos…todos llevaban meses diciéndome que me diera un respiro. Y lo hice, pero eligiendo el sitio más recóndito, perdido y… lleno de recuerdos.

– No entiendo cómo no te he visto ¿dónde estabas alojada?

– Alquilé una habitación en la casa rural que hay antes de salir del pueblo y la verdad es que me he pasado los quince días ahí metida.

– Sigo sin entender nada perdona. Primero me hablas de mi libro, de un viaje de fin de carrera, de Angel, de un viaje a Pirineos…¿qué pasó? ¿fue aquí? Me estoy perdiendo en el tiempo.

– No serás la primera. Yo llevo un año intentando entender cómo pasan las horas y cómo sigue la vida a mi alrededor si yo no la siento. Todos te dicen que la vida sigue y tú les escuchas pensando que hablan de las vidas propias porque la tuya la dejaste metida entre las páginas de un libro.

– y ese libro es mi “Luna”. Déjame decirte algo

– no si no he terminado

– espera, déjame decirte algo Macu. Creo que empiezo a entender en qué lío mental estás metida, pero escucha: la vida, tu vida no es mi novela. “Luna” es un libro una historia inventada por mí con un final algo triste… pero real. La moraleja del libro es que la auténtica felicidad la encontramos cuando aprendemos a vivir con nuestros temores y nuestras inquietudes, cuando descubrimos que el mundo no es de color de rosa, y que la muerte siempre llega a uno mismo o a un ser querido y no es ni más ni menos que un corte en un camino que  no sabemos qué distancia ocupa. “Luna” es la historia de una niña que crece observando las estrellas y la luna con el telescopio de su padre, queriendo de niña alcanzarlas y luego marcharse con ellas. Pero las estrellas, Macu, no son caballos blancos alados que la llevan a la blanca esfera ni la vida un instante parado en el tiempo disfrutando de la compañía de su padre. La vida son pequeños momentos que hay que saber disfrutar porque se pasan sin darnos cuenta. Y nuestra fortuna, la fortuna del ser humano es tener puntos de referencia en cierto modo constantes en nuestra vida. La protagonista de mi libro hizo de la noche y de su padre el motivo de su vida y sólo al final, cuando su padre muere, porque “muere Macu” y esa es la palabra, entiende que debe seguir su camino, que su luna y estrellas permanecerán recordándole quien le enseñó a verlas, porque seguirán estando en el cielo, como su propia vida hasta que se extinguiera y mirando por el telescopio a la luna llena le explica (por si ella no lo supiera) que su padre ya no volvería a mirarla que ya no estaba, pero no estaba en esa terraza abierta. El mensaje es que él se había ido sí, pero dejándole lo más grande: los recuerdos, los planes hechos juntos…el misterio de disfrutar de las cosas más sencillas y que se convierten en las más grandes que hay en la tierra.

******

Me quedé sin aliento. Se lo dije todo del tirón sin pausas, sin medir que mis palabras no fueran cruentas…

MAÑANA EL FINAL…

  1. ¡Hola Winnie!

    Ay, delicioso… conozco todos los sítios que dices de los Pirineos, están en el Parque de Ordesa y Monte Perdido.

    Repito que la historia es deliciosa, y el punto de vista de la escritora, y su forma de ver la vida, ayuda a todos, porque son palabras sabias.

    Pero me dejas intrigadísimo, ahora ya no sé por donde va a salir, y no me imagino como termina. ¡JO!

    Estoy impaciente por leer mañana el final.

    ¡Un besazo muy grande!

    MIGUEL

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  2. FELICIDADES POR EL EXÁMEN!!!!
    Me dejas sin aliento con este relato, Winnie. Vaya manera de enlazar lugares y situaciones deliciosamente. Me encanta!!! Pero odio que termine mañana, snif…….

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  3. Ayyys me acabo de leer todo del tirón y ya estoy deseando que llegue mañana para conocer el desenlace, hay frases que dan para pensar y mucho!

    Enhorabuena por tu aprobado, sigue así 😉

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  4. En primer lugar felicitarte por ese examen que he leído que has aprobado!
    Jamía que inspiración la tuya, la que me faltaba a mí te la has llevado tú, que relato más chulo, es como si estuviera dentro de él, por que conozco bien los Pirineos.
    Espero el final impaciente.
    Besucos muy gordos!

    P.D.Gracias por estar ahí!

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  5. Felicitaciones por el éxamen! Me encanta como escribís, mi dulce Winnie, pero te soy sincero, no tengo la menor idea cómo va a terminar esta magnífica historia.
    Mañana lo ssbremos.

    Gracias por visitarme.

    BESOTES GUAPA!

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  6. LOS PIRINIOS NARRADOS POR TI ( POR QUE O LOS CONOSCO MAS QUE EN FOTOS ) SON ESPLENDIDOS JEJEJE ME GUSTA COMO ESCRIBES, ESTOY ATRAPADA Y ANSIOSA POR EL FINAL.
    UN BESO
    ARIADNA B.B.

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  7. Hola Winnie0, he estado muy liada ultimamente y no me he paseado por los blogs… veo que tienes un relato por capítulos y como quiero leérmelo entero, volveré más tarde que ahora tengo que salir!!!
    Besos
    Rosa.-

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  8. Esperaré a mañana para decirte lo que piense en ese momento, hasta ahora me va pareciendo interesante tu narración. Mañana cuando tu acabes yo te diré.
    saludos gran dama.

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  9. Iago.
    Vida y literatura…como tú dices…van muchas veces de la mano…

    Reik.
    Cercano está el final…

    Stanley.
    Besotes para ti mi Stanley allende los mares

    Ariadna.
    Los Pirineos son absolutamente maravillosos Ariadna…yo hubo una epoca en que fui muy feliz en ellos…

    Rosa.
    Cuando puedas y te apetezca…bss

    MCarmen.
    Mañana se termina la intriga

    Manuel.
    ¿por qué gran dama?….Gracias

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  10. Ufff vivir con algo así es tremendamenta difícil. No seria capaz de llevar en mi corazón algo así. Es difícil de sobrellevar.

    Veremos mañana como acaba.

    Besos cielo

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  11. Hola Winnie, aquí estoy de nuevo, he de decirte que me ha gustado mucho como narras los acontecimientos, el encuentro con la escritora, el desliz en la montaña etc.
    Estoy deseando de que llegue mañana para poder leer el final…
    Sabes como crear intriga!!
    Besos
    Rosa.-

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  12. Pingback: Relato: Diferencia de equipaje (final) « Lo que se ve es lo que hay

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