Relato: “Una ola en el mar”

Doña Antonia acude a mi consulta desde hace ya tres meses. Llegó  hasta mi  empujada por su hija. Había entrado en un estado de “melancolía” desde la muerte de su marido, que ya hacía un año. La semana pasada encontré que estaba más deprimida que en ninguna de las anteriores.

– Doctor, nunca he visto el mar.

Su respuesta venía a contestar la primera pregunta con la que siempre empezábamos la hora de terapia.

– ¿Cómo se encuentra hoy Doña Antonia?

– Doctor, nunca he visto el mar

– Eso es algo que habrá que solucionar, le dije sonriendo, pero  eso ¿por qué le inquieta ahora?

– Es que ayer tuve una discusión con mi hija ¿sabe? y me dijo que yo tenía que pensar que la vida es como el mar.

– ¿Por qué fue la discusión?

– ¡Uy! por una tontería

– A ver…¿cual fue esa tontería?

– Pues nada que le dije que ya es hora de morirme.

– Anda! Doña Antonia que vaya tipo de tontería se le ocurrió decirle a su hija. Pero ¿no ve que ella la adora? Se tiene que olvidar de pensar en esas cosas. Tiene usted aún aguante para hacernos a todos viejos.

– ¡Que se cree usted que me voy a esperar a eso! doctor

– Bueno, bueno, ya veo que esta vez debió asustarle de verás. y ¿qué le hace pensar que ya es la hora?

– Pensarlo no, doctor, es mi deseo

– Doña Antonia…

– De Doña Antonia nada. Pues ¿qué pinto ya en todo esto? y además me habla del mar queriendo explicármelo…ya ve del mar, que encima no lo he visto nunca.

– No será porque su hija no haya querido llevarla. Ya me comentó que lo ha intentado en varias ocasiones, pero cuando usted se pone 

Atardecer en Suances (2005)

tozuda…no hay quien la saque del pueblo.

– Pues no. Mire aquí estoy en la capital como cada Jueves.

– Bueno pues vayamos al tema. ¿Por qué le habló del mar?

– Pues ahí está lo curioso, que encima ni la entendí. Decía que  en la vida éramos como las olas del mar ¡fíjese usted qué comparación!

– ¡Qué curioso!

– ¿El qué?

– Pues que nunca lo había pensado así y la verdad es que seguro que es una buena comparación.

– Pues usted dirá.

– Veamos. Imaginemos que nosotros somos esas olas que nacen en el centro y van a parar a la orilla, allí juegan en la arena, con las rocas, atravesando así  momentos de paz en la orilla y otros momentos más difíciles cuando  les toca chocar y romper contra rocas y acantilados..

 – ¿Y si la ola se queda atrapada?

– ¿Cómo atrapada?

– Pues eso. Yo he visto fotos de niños que juegan con el agua del mar en un hoyo metida…

¿Y qué le contestaba yo ahora?. Miré el reloj y vi que ya era la hora

– Eso lo dejamos para el próximo día. Y ahora escuche bien. Si su hija quiere salir este fin de semana  quiero que la acompañe y el próximo jueves nos vemos.

– ¿De viaje? de ninguna manera. ¡Pues sí que estoy yo para viajar!

– Doña Antonia – le dije poniéndome ya en pie lo bastante serio como para que me creyese enfadado- no se lo aconsejo. Se lo estoy recetando.

– Si usted lo dice, contestó un poco cabizbaja. Hasta el Jueves doctor.

Cuando salió por la puerta, no pude evitar sentirme algo mal. Sabía que había hecho lo correcto, pero siempre me daba rabia forzar a mis pacientes a hacer algo. Bueno, sólo  cabía esperar.

******

– Buenos días doctor.

– ¡Um! Ese tono de voz me gusta más que el de la última vez que nos vimos. ¿Qué tal fue ese viaje?

– Mire que haber tenido que llegar a vieja para entender.

– ¿Entender el qué?

– Pues la vida, doctor. Tengo 79 años para 80 en agosto, y en sólo tres días he aprendido más que en estos años. Me casé, tuve una hija, la críe, enviudé, he cuidado de mi huerta, he creído siempre en la providencia…y hace poco me pregunté para qué todo esto. Ahora al menos creo que tengo una respuesta.

– Bueno me parece que la experiencia no ha sido mala. ¿qué le ha parecido el mar Doña Antonia?

Acantilado santander (2005)

Se quedó callada un buen rato y vi que le brillaban los ojos. Nunca había visto esa expresión en su cara. De pronto alzó la cabeza y me dijo:

– Ya me puedo morir tranquila doctor.

¡Vaya por Dios! pero qué me estaba diciendo. ¿Cómo me salía con eso? De verdad que a veces esto de ser “médico de mentes” se me hacía muy duro. ¿Pues no venía igual que se había ido? Bueno mejor me quedaba en silencio y esperaba.

– No se asuste doctor. Esta vez voy a explicarle yo la historia…

He visto la tierra convertida en fina playa de arena, he visto las olas del mar jugar, he visto niños hacer castillos mezclando el agua y la tierra y he visto a las olas rescatar de agujeros aguas estancadas en la arena.

He jugado a que mis pies los tapara la arena, y siempre llegaba una ola que rápido los desenterraba para que de nuevo yo los cubriera.

He visto a un niño hacer un agujero y cargar cubos de agua para rellenarlo y meter dentro sus piernas. Pero vano era su intento al final el agua de una u otra forma volvía a ser parte del mar.

Y al final me senté en un muro y mire al fondo muy fijo y ¿sabe lo que vi doctor?: agua, agua llena de vida y entendí la comparación de mi hija. Somos como las olas que nacen dentro, llevamos la vida como ellas, nos desplazamos como ellas, unas veces suavemente y otras luchando como mar enfurecido y terminamos volviendo de la orilla al centro del que salimos”

– Gracias Antonia

– ¿A mí? ¿de qué doctor?

–  Sus ojos han visto en una sola vez lo que yo no he visto en cantidad de oportunidades que he tenido. Me acordaré de ello cuando vuelva a verlo…

– A ver ¿el qué doctor?

– La vida, Antonia, que no es sino una ola en el mar”

FIN

  1. ¡Hola Winnie!

    :=) Nunca es tarde para entender, si se quiere entender.

    ¡Qué relato más bonito y tan bien escrito! Te animo a que publiques más historias, creo que todos tus lectores opinaremos que son una gran lectura.

    He creido ver alquien dentro del relato, te está mandando un beso.

    ¡Y yo te mando otro!

    MIGUEL

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  2. Buena historia. Da en el clavo totalmente. A mi me pasa eso además de con el mar, con el fuego. Miras como crecen, avanzan y retroceden pero sin retirarse nunca. Es lo más relajante que conozco y mejor recurso contra la depresión. Y andar por las montañas, otra cosa que también relaja el alma.

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  3. Un relato muy bello, Winnie, no sólo es la historia sino cómo la cuentas, y además con un par de fotos que acompañan perfectamente al relato, el mar sereno y el mar contra las rocas. Precioso el post.
    Un beso.

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  4. Nunca lo había pensado así. Muchas veces he sido como esa mujer que no veía mas allá, y que no había visto el mar en su visión mas amplia. Pero son tantas veces las pequeñas cosas que nos hacen cambiar el chip, que sin saber como, cambios la forma de vernos en la tierra.

    Feliz finde guapa

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  5. Bueno, el mar desde luego nos ofrece una visión espectacular pues no hay dos olas iguales, es toda una metáfora de la vida, lástima que esta buena señora tuvo que esperar tanto parar comprenderla. A mi el mar me vuelve locoy es lo que mas echo de menos en madid, llevo aqui cuatro años ¿sin ver la vida? Creo que no, pero igual entendiéndola peor.

    Bezos, cari.

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  6. Reik.
    Un besote y buen finde reik

    Ariadna.
    Que tengas un fin de semana estupendo. Gracias “siempre” por tus comentarios cariñosos

    Maribel.
    Gracias…me animaré a ello

    Iago.
    El mar causa en nosotros sensaciones de vida

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  7. Preciosa historia… que además, hoy me viene muy bien, estoy un pelín de bajón y la verdad me a ayudado a levantarme el ánimo pensando en que la vida no es solo lo que veo delante de mis ojos, y que las cosas son como el mar: Tanto las buenas como las malas, empiezan y terminan, no son infinitas… Solo depende de la perspectiva de verlas. Un saludo y un abrazo…

    P.D.: Si te pasas por mi blog no verás actualizaciones, hasta mañana no posteo!

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